Estudiantes Centennials, docentes Millennials

NOTA PUBLICADA EN LA REVISTA DEL CONSUDEC

Francisco, un docente de filosofía en varios secundarios, se sube a un tren camino al Congreso en un áspero día de elección en diputados: a partir de ese día, la ley del aborto podría ser una opción. El vagón está poblado de banderas verdes y gente pintada del mismo color; pero no son desconocidos, son algunos de sus alumnos de 5to año. Con sólo diez años de diferencia, la generación ya es otra: él es millenial, ellos centennial. Él vio nacer y morir a MySpace (2003-2006), a Fotolog (2007 – 2009) y por último a Facebook (2010 – 2012), que sigue vigente para él, pero no para sus alumnos que prefieren plataformas como Instagram, Twitter y Snapchat. Pero el consumo en redes sociales no es lo único que los separa. 

Francisco y Belén

Entre los rostros de sus alumnos, encuentra uno en particular: Belén. Francisco se toma mucho tiempo en sus clases para debatir sobre el aborto; al fin y al cabo se trata de clases de filosofía en un colegio católico, el tiempo invertido en la temática es justificado en una población de estudiantes que se adscriben a una ideología contraria al ideal cristiano. El rostro de Belén, ahora pintado de verde, es uno siempre presente y atento en las clases. “Cruzamos las miradas y nos quedamos en silencio mirándonos dos segundos. Ella se sintió juzgada: yo sé que se sintió juzgada; me miró con vergüenza. Mi mirada había sido juzgadora; no había sido la de Cristo. Ella lo que necesitaba no era ver mi enojo, ni mi juicio, sino encontrar una comprensiva, que le dijera que a pesar de eso mi amor por ella no cambiaba.”No exagero cuando digo que Francisco lloró al contármelo; no lagrimeó: tuvo que tomarse un rato para seguir hablando. Y diluyó la pastelería en una afirmación dura: “muchos en la Iglesia tienen miedo de caer mal por miedo a decir la verdad”. Acá no se trataba de cómo tratar el tema del aborto para que moleste menos, sino de cómo decir la verdad que duele, sin dejar nunca de amar.